¿Quién soy? (de verdad)
Piji-Punk, recuperada emocionalmente.
Y también una mujer “capaz, eficiente, resolutiva”. De esas que hacen que las cosas pasen, que llegan lejos, que no se detiene.
Aunque siempre hubo algo que desde fuera no se notaba: yo no estaba en mi vida. Al menos, no del todo.


No soy nueva en esto del desarrollo personal.
Llevo más de 25 años en el camino: sanándome, entendiéndome, perdonando, llorando, riendo, volviendo a llorar.
Nunca fingí que todo estaba bien.
Quienes me conocen lo saben: siempre estuve buscando sentirme mejor.
Y para eso me apoyé en más de 70 gurús, psicólogos, terapeutas de todo tipo… ahí es nada.
Lo que no sabía era cómo conectar conmigo de verdad.
No con mi versión funcional.
Sino con la que vibra con lo que hace. La que se siente viva, no solo ocupada.
Y eso no lo aprendí en un retiro.
Lo entendí en una pista de tenis, cuando un ataque de ansiedad me dejó sin aire.
Y con todo claro.
Ese día supe que no podía seguir repitiendo lo mismo con distinto envoltorio.
Así que paré.
Y entonces entendí algo que nadie me había dicho con claridad: saber no es suficiente.
Puedes tener años de terapia, retiros, libros subrayados hasta el final.
Puedes conocerte bien. Muy bien.
Y aun así seguir reaccionando igual.
Porque el conocimiento que se queda en la cabeza no llega a donde viven los patrones automáticos.
Fue la neurociencia la que me dio la clave.
Y mi constancia legendaria, la que me permitió aplicarla.
Entonces combiné y creé herramientas neurobiológicas y espirituales —probando, ajustando, observando— hasta encontrar lo que ninguna terapia cognitiva había logrado en mí: que esas reacciones automáticas que me paralizaban dejaran de mandar, que la ansiedad se disipara.
También entendí por qué tantas mujeres con un camino enorme recorrido siguen sin ver ese camino reflejado en su vida real.
No es falta de esfuerzo. No es falta de voluntad. Es que nadie les ha dado el sostén correcto para consolidar lo que ya saben.
Por eso diseñé el Método Libélula.


Y es que todo vuelve ahí.
Al amor como fuerza. Como base. Como dirección.
Y porque, aunque suene cursi (me da igual),
amar de verdad —a ti, a otros, a la vida— es lo más punk que hay.
Me he convertido en la maravillosa oveja negra de mi familia. Y por extraño que parezca, es liberador y constructivo.
Soy la que perdonó a un padre que muchos consideran imperdonable y se encontró consigo de cara.
La que se cansó de sobrevivir y eligió vivir.
Y si estás leyendo esto, quizás tú también estés lista para dejar de cumplir, de aparentar…
y empezar a ser.
Libre. Y llena de amor. De Auto-amor Khubba («amor» en Arameo)

También estamos construyendo Authentixx, una comunidad de espíritus libres.
Mujeres que ya no quieren vivir a medias ni encajar donde no hay aire. Y hombres que se sienten bien al lado de mujeres poderosas.
Un espacio donde se hablará de libertad: de acción, de pensamiento, económica, de salud…
y también, de amor.
Dale tiempo… lo bueno se está cocinando
Queremos que Authentixx refleje nuestros valores. Quédate cerca… pronto publicaremos nuestro Decálogo de Espíritus Libres. Nos encantará que nos des tu opiniòn.
Si tienes preguntas, aquí abajo tienes nuestros datos. Te respondemos a la mayor brevedad.